Aquí siempre hay que comer

 

Por Guillermo Preciado

El hombre que contempla es “absorbido”
por lo que él contempla…
–Alexandre Kojève

El alcohol no se acaba. El sol ya está por salir. Botellas de whisky, tequila y champagne chocan entre sí, musicalizando el paso de los últimos sobrevivientes de la fiesta que van abriéndose camino entre la mar de cuerpos alcohólicos, drogados y aletargados, algunos desnudos, otros muertos en vida, que están sucumbiendo a los placeres nocturnos posibilitados por las billeteras paternas. Es la época de sus vidas –¿y cuál no lo es?–, donde los más variados y extravagantes excesos vienen hermanados con justificaciones de tipo porque puedo pagarlo y cuyas consecuencias legales son siempre anestesiadas por una llamada del celular del Padre.

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