Filosofía y cibernética

Ilustración por: Oliver Pendragon

Por Jorge Palafox

El rápido desarrollo de la tecnología en general y de la cibernética en particular, han provocado la contraposición entre dos postulados filosóficos: de una parte, el que sostiene que el desarrollo desmesurado de la cibernética terminará por esclavizar a los seres humanos, convirtiéndonos en autómatas; de otra parte, el que sostiene que ese mismo desarrollo desmesurado de la cibernética, terminará por liberar a los seres humanos, convirtiéndonos en individuos libres.

Origen del dilema

Desde el primer momento, la tecnología ha impuesto a la ciencia la carga de su desarrollo; y a la filosofía, la carga de explicar su significado puramente humano; digamos, el significado de la tecnología del ser humano para sí: como actividad exclusiva de la especie, para el dominio de la naturaleza.

Todo adelanto tecnológico ha suscitado controversias filosóficas, que casi siempre se presentan -o se enmascaran- como la lucha del conocimiento científico contra el dogmatismo; de la ciencia contra la religión; del conocimiento contra los prejuicios, etc.; y a veces se presenta, simplemente, como la oposición entre lo nuevo y lo viejo. En el pasado, por ejemplo, la novedosa introducción de los ferrocarriles hizo nacer la oposición de lo viejo, en forma de añoranzas: se añoraba el pasado de los pueblos con diligencias y caballos, se añoraba el azul de los cielos del campo contra los de la ciudad, se añoraba la pureza de las costumbres del campo; todo lo cual se tradujo en obras literarias: poesías, canciones, novelas, películas; en teorías económicas y también en teorías filosóficas; pero es evidente que los industriales no tenían la añoranza de quedarse en aquel pasado. Además, el desarrollo tecnológico material impuso la superación de aquellos aparentes dilemas; éste, que cité como ejemplo, ya sólo llega a escucharse o a leerse en personas que viven lejos de las ciudades y/o cuya actividad productiva preponderante radica en el campo; pero ningún teórico serio intentará revivir aquellas añoranzas, que han quedado en el pasado para siempre.

La cibernética despertó, también desde su origen, la contraposición entre quien sostiene que el desarrollo desmesurado de aquélla terminará por esclavizarnos, convirtiéndonos en autómatas; y de otra parte, quien sostiene que ese mismo desarrollo desmesurado de la cibernética, terminará por liberarnos.

La cibernética

La cibernética es una ciencia que estudia el funcionamiento de los sistemas reguladores de los organismos, con el propósito de reproducir sus funciones mediante el uso de tecnología; es, digamos, lo que coloquialmente conocemos como automatización. La cibernética produce sistemas que se conocen como sistemas de control basados en la retroalimentación; en otras palabras, produce sistemas autónomos, o robots.

Esta asociación entre la cibernética y la automatización es la que ha despertado la oposición ideológico filosófica a la que aquí hacemos referencia.

Teoría neoludita del desarrollo cibernético

En Inglaterra, a principios del siglo XIX, surgió y se propagó una serie de protestas obreras, algunas de las cuales resultaron en verdaderas rebeliones, a lo que se llamó el movimiento ludita -en honor a un obrero de nombre Ned Ludd. En éste movimiento de protesta, los obreros incendiaron y destruyeron maquinaria y fábricas completas; pues, el uso de la maquinaria en la industria produjo mucho desempleo -sobre todo durante la revolución industrial-, y por supuesto, con el desempleo se generó e incrementó la miseria; y es ésta la que los obreros buscaban destruir, pero la inmediatez de los efectos del uso de maquinaria en la industria, los hacía temerla y destruirla.

El día de hoy, por analogía, podemos permitirnos llamar neoluditas a quienes se oponen al desarrollo tecnológico en general, y al desarrollo cibernético en particular; a quienes pregonan los males que produce la automatización de la industria y, en fin, a quienes creen que el uso cada vez más extendido de la cibernética o de la robótica es nefasto para la humanidad. Aunque, ciertamente, allá por 1996, hubo en los Estados Unidos un grupo de personas que así se autoproclamaron, el neoludismo representa, más que un grupo de excéntricos, un pensamiento actual muy en boga; cuyos principios o postulados filosóficos comentaremos aquí.

Para los neoluditas, todo desarrollo tecnológico es cuestionable, contaminante y contrario a la naturaleza humana. El neoludismo se ha propagado y se ha presentado así, ya abiertamente como tal visión filosófica que identifica la tecnología como aberrante; o ya embozadamente, en la literatura o en el cine. El ejemplo más fresco que tengo en la mente es la película Wall-e, de Andrew Stanton; pero es actualmente muy común escuchar o leer que las máquinas (o los robots) nos dominarán; que nos reemplazarán de nuestras más básicas actividades, convirtiéndonos en seres perezosos e incapaces; o en autómatas, seres abyectos y sumisos.

El neoludismo es, sin embargo, muy simple. Su principal postulado es meramente lógico, y consiste en hacer pasar al ser humano como el producto de la automatización; mientras que el verdadero producto desaparece de la escena. Así, el ser humano aparece como un autómata, y el desarrollo cibernético aparece como el medio para la producción de autómatas. En relación con ello, si la producción automatizada en realidad convierte al ser humano en un autómata, se trata más bien de un problema empírico, y no lógico; y como tal, un hecho empírico, y no abstracto. Sin embargo, es objeto de estudio de la filosofía: por cuanto que la automatización universal de la industria está en proceso, la conversión del ser humano en autómata o en un ser libre, existe sólo en potencia.

Hoy día, esta cuestión filosófica no ha sido respondida. Sólo la superchería neoludita la responde -como ya hemos anotado- en sentido negativo, atribuyendo a la tecnología y a su desarrollo cibernético los males sociales de la humanidad.

Por otra parte, podemos afirmar que también existe una forma de pensamiento que coincide, aunque de manera más timorata, con el neoludismo, y consiste en dejar planteado el problema, más bien como un asunto retórico, nefasto pero inevitable; una pregunta, que sólo la mística responde, acerca del verdadero destino que la tecnología o la ciencia le deparan al hombre; tan es así, que es lugar común de la literatura de suspenso. Ahí tenemos: en la cibernética, al gran monstruo creado por el hombre que “juega a ser dios”; y con ella a los Mr. Hyde y a los Frankenstein; o, también podemos encontrar este cuestionamiento, resuelto en las “distopías” de la ciencia ficción.

Filosofía y cibernética

Como sabemos, la revolución industrial nació con la manufactura, que, para nuestro estudio, representa el inicio de la fabricación mecánica; ésta disfrutó mucho tiempo su exclusividad en el desarrollo industrial, y durnate el siglo XVIII acaparó los más prominentes adelantos de la ciencia y la tecnología. Pero no tanto tiempo como para evitar el desarrollo de la automatización o, lo que hoy llamamos, cibernética. La cibernética compartió con la mecánica los albores de revolución industrial; los primeros inventos de máquinas automáticas datan del siglo XIX, ya bien desarrollada la mecánica; sólo que, a nuestros ojos, y al tiempo, nos parece hoy que la cibernética y la mecánica surgieran simultáneamente. Máxime que la industria no se desarrolló por igual en todos los países y, por obvias razones -entre las que se encuentra el hecho indudable de que la mecánica es la base de la cibernética-, el desarrollo de la mecánica fue a todas luces mucho más extenso y mucho mayor en todos sentidos.

Hoy, la cibernética marca el grado más elevado del desarrollo tecnológico industrial; sus aplicaciones son tan vastas y variadas, que implican también el más elevado crecimiento económico en la rama industrial en que se aplica; pero sus raíces se entrelazan en la historia, con las de la mecánica.

Este hecho histórico ha llegado a confundir a muchos -entre quienes podemos citar a filósofos, estadistas, economistas, artistas, cineastas y literatos; y tal confusión existe desde el mismo momento en que surge la producción industrial automatizada.

Para facilitar la exposición, podemos sugerir la película Tiempos Modernos, de Charles Chaplin, como la crítica por antonomasia, a la producción industrial mecánica. En ella, se observa cómo el individuo se convierte en un autómata. Decenas de tratados filosóficos, económicos y políticos, decenas de obras literarias y cinematográficas se han realizado siguiendo esta crítica contra la industria mecánica desde entonces hasta nuestros días. Pero, el mayor desarrollo de la mecánica ocultó a nuestros ojos, el desarrollo de la cibernética, que se abrió paso disimuladamente en la industria. Así, nació en el pensamiento la creencia falaz, de que la producción mecánica es idéntica a la producción en general o incluso a la producción automática; y la creencia igualmente falaz, de atribuir los caracteres de una, a la otra. Por eso es hasta hoy, cuando ya las diferencias son tan acusadas, y cuando ya sería muy torpe o ignorante identificar una forma de producción con otra, que nos damos cuenta que la concepción filosófica relativa a la cibernética no marchó con ella de la mano; sino que, en lugar de una concepción filosófica sustentada en la realidad de la cibernética, hoy sólo tenemos cuestionamientos catastróficos de su postrer desarrollo, en la literatura y la ciencia ficción, y en el misticismo neoludita.

Incluso los marxistas se han confundido en este respecto; porque sostienen que Marx se opuso a la producción industrial, porque enajena al individuo y lo convierte en un “apéndice” de la máquina. Sin embargo, fue Marx uno de los primeros -en sus escritos de juventud- en hacer notar la diferencia entre la producción industrial mecánica y la automática; y fue el primero en señalar que, en efecto, bajo el capitalismo, el trabajador se convierte en “apéndice” de la máquina -valga decir- mecánica.

El día de hoy perviven las concepciones catastróficas y neoluditas respecto a la cibernética, y no ha sido, en cambio, rescatada de entre el polvo del olvido la tesis marxista que concibe el desarrollo de la automatización como un factor liberador del ser humano, del individuo (como a continuación expondré), pese al increíble desarrollo de la cibernética. Esto se debe simplemente, a que la cibernética se ha desarrollado, pero no de manera universal; y coexisten en el mundo la producción mecánica y la cibernética. Lo cual impide ver los efectos libertadores del progreso que implica, en la voluntad o en el comportamiento de los individuos; pero, más que eso, impide la realización plena de la libertad del ser humano. La impide, pero la impulsa.

Automatismo y división del trabajo

Son dos los principales aspectos que hay que destacar:

Primero: El desarrollo de la indurtia mecánica implica la automatización del trabajador, su conversión a apéndice de las máquinas (Marx y Engels, 1848, 22). El autómata existe desde que surgen las primeras máquinas en la industria; y existe hoy en todos los países, pues la industria actual se basa en la mecánica de la producción.

La industria mecánica se basa en la división del trabajo, misma que, en la sociedad moderna, “engendra las especialidades, las especies y con ellas el idiotismo del oficio”. En cambio, “lo que caracteriza la división del trabajo en el taller automático es que el trabajo pierde dentro de él todo carácter de especialidad. Pero, en cuanto cesa todo desarrollo especial, comienza a dejarse sentir el afán de universalidad, la tendencia a un desarrollo integral del individuo. El taller automático suprime las especies y el idiotismo del oficio”. (Marx, 1847, 96).

Segundo: El desarrollo universal de la cibernética (o automatización), es una condición material para el desarrollo libre y pleno del individuo. Pero el desarrollo actual de la cibernética no es universal, y no implica de manera natural ni por sí sola, la libertad del individuo. Quien trabaja en la industria altamente automatizada, no es un hombre libre por ese solo hecho; pero trabaja bajo las condiciones materiales de vida que le permitirían serlo. ¿Qué se lo impide? Una serie de condicionamientos sociales que le son ajenos como inidividuo; entre los cuales está que, esas mismas condiciones materiales de vida sean universales. Es decir que, para la liberación del hombre; para que el ser humano deje de ser un autómata, un idiota, debe existir como condición material de vida la automatización universal de los procesos industriales. Esto es, la automatización de la industria, no del hombre.

Automatismo y libertad

“John Stuart Mill observa: “Es discutible que todos los inventos mecánicos efectuados hasta el presente hayan aliviado la faena cotidiana de algún ser humano.” Debería haber dicho; de todo ser humano que trabaja. Pero la maquinaria dentro de la producción capitalista, de ninguna manera tiene como fin aliviar o reducir la fatiga cotidiana del trabajador… Hablando en términos muy generales, la finalidad de la maquinaria es reducir el valor de la mercancía… (al tiempo que) crece la avidez (del capitalista) por devorar tiempo de trabajo ajeno.” (Marx, 1861, 77). Lo mismo ocurre en la explotación mecánica que en la automática. Por eso los filósofos que se oponen a la esclavitud asalariada del capital, se confunden y creen que toda innovación tecnológica es igualmente enajenante, y esclavizante; pero no observan la diferencia cualitativa entre ambas: la mecanización implica una constante división del trabajo, la cual, al someter al trabajador a una sola actividad, lo somete a un desarrollo unilateral de sus facultades humanas, es decir, de su personalidad. (Engels, 1845, 337). En cambio, la automatización (debida actualmente a la cibernética), suprime esa división del trabajo: sienta la condición material necesaria para el desarrollo integral de la personalidad y para la libertad del individuo.

Sin embargo, es sólo condición necesaria; y una vez que el desarrollo de la cibernética sea universal, hará falta todavía la conformación de la condición suficiente para la libertad del género humano: el hecho de que busque y procure, conscientemente, su emancipación material.

El desarrollo de la tecnología en general, y de la cibernética en particular, sienta las bases materiales para la libertad de los seres humanos, como individuos. La libertad real de los individuos, sólo será posible sobre la base de un desarrollo universal de la tecnología y la cibernética. El creciente desarrollo de la cibernética muestra que el ser humano está construyendo las bases materiales para su futura emancipación.


Bibliografía

Marx, Karl, Miseria de la filosofía (1847), México, Siglo XXI editores.

Marx, Karl, y Engels, Frederich, Manifiesto Comunista (1848), México, Siglo XXI editores.

Marx, Karl, “Las máquinas: Empleo de las fuerzas naturales y de las ciencias”, en Progreso técnico y desarrollo capitalista (1861), México, Siglo XXI editores.

Engels, Frederich, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), México, Siglo XXI editores.