Esperar contra toda esperanza ante un 2018 cargado de injusticias

Ilustración por: Pepe Bustamante

 

La navidad del 2017 nos tomó desprevenidos y desconcertados por diversos motivos, pero especialmente debido a las nuevas leyes aprobadas por el Congreso mexicano. Como una grotesca analogía de la piñata navideña, los partidos políticos representados en ambas Cámaras legislativas se dieron gusto rompiendo la piñata para dejar caer sobre el sufrido pueblo mexicano una miscelánea de cuatro leyes que atentan brutalmente contra su vida. Me refiero a la promulgación o las modificaciones a la Ley de Seguridad Interior, la Ley “Mordaza”, la Ley de Biodiversidad y la Ley laboral.

Veamos primero la forma, para posteriormente analizar brevemente sus contenidos. Nos preguntaremos finalmente por los retos que se plantean a las organizaciones y movimientos sociales para hacerles frente en un contexto sumamente complicado (confuso y complejo además, por si algo faltara como insumos en este brebaje bárbaro).

Desoyendo un sinnúmero de voces autorizadas de organizaciones internacionales como la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, o mexicanas, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, rectores de universidades públicas y privadas –entre ellas  la Ibero CDMX–, especialistas académicos –recordemos la soberbia crítica realizada por el investigador del CIDE, Alejandro Madrazo, ante el Senado– cientos de organizaciones civiles y sociales, artistas y empresarios, defensores de derechos humanos y quienes cuentan con la voz más autorizada, familiares de los miles de desaparecidos en nuestro país, diversos partidos políticos, encabezados por el PRI, dieron carta de legalidad a la participación del ejército en tareas de seguridad pública. Con ello, se (con) funde en una institución nacional, que debiera ser garantía de nuestra soberanía, las tareas que corresponden estrictamente a las policías de diverso tipo. De manera que con esta ley el ejército se convierte “legalmente” en un represor y violador de los derechos humanos (que en muchos casos lo es de facto) y podrá ir en contra de todo aquello que, discrecional o arbitrariamente, el Estado considere que pueda afectar el orden, la paz social y la seguridad interior, incluyendo las manifestaciones ciudadanas y las protestas sociales de todo tipo. No quisiera abundar en ello, porque de muchas maneras hemos asistido a la información proporcionada por medios de comunicación críticos y las redes sociales.

Al calor de la aprobación de esta Ley de Seguridad Interior, el 17 de diciembre, en un procedimiento por demás acelerado –exprés o “fast track”-, y con la confabulación y consenso de todos los partidos, la piñata legaloide incluyó una modificación al Código Civil Federal, coloquialmente llamada la “Ley Mordaza”.  Pasando prácticamente desapercibida, la reforma se refiere al daño moral, ocasionado por la imputación de hechos ciertos o inciertos, verdaderos o falsos, determinados o indeterminados, y por la vía de cualquier medio de comunicación –incluye a las redes sociales y el internet–, puedan causarle deshonra, descrédito, perjurio y desprecio a una persona física o moral. Nuevamente, se trata de acallar toda crítica al Estado, tanto en sus supuestos representantes como en sus funcionarios e instituciones, cerrando con ello la pinza autoritaria, autocrática y despótica que se va configurando a través de las reformas estructurales y sus soportes legales regresivos.

En este marco navideño,  la Ley General de Biodiversidad aprobada sin discusión el 16 de diciembre por el Senado, permite la apertura y operación de minas en áreas naturales protegidas. Frente al despojo de sus territorios –recursos naturales y bienes comunes– de que han sido objeto las comunidades indígenas y campesinas de forma histórica, con especial énfasis durante las últimas décadas, las reformas estructurales estaban ayunas de una base legal que permitiera dar seguridad al Estado y  a las corporaciones mineras transnacionales para avanzar en este proceso de saqueo y destrucción de dichos territorios y de violación de los derechos fundamentales de las comunidades. Además de lo anterior, con la nueva Ley, las transnacionales podrán apropiarse de genes, recursos filogenéticos en general y el conocimiento tradicional asociado a ellos. Hoy se puede afirmar, desgraciadamente, que la minería extractiva y la explotación de hidrocarburos gozan de legal salud en las Áreas Naturales Protegidas en nuestro país.

Finalmente, como un regalo adicional incluido en  esta piñata legaloide navideña, la reforma a la Ley Federal del Trabajo aprobada por el Senado para quitar los candados a la contratación vía outsorcing y donde lo único con lo que deberán cumplir las empresas de terciarización es con un registro ante el IMSS y una constancia del RFC. La Ley quitará todo límite a la contratación por outsorcing, es una ley que impactaría a más de 40 millones de trabajadores y a sus derechos laborales.

Violación de derechos humanos, despojos y destrucción de territorios, precarización cada vez más aguda del empleo, persecución y criminalización de la crítica y la protesta social, todo legalizado, como en estuches dorados, como en envolturas navideñas de lujo, son las brutales sorpresas que se desprenden de la piñata navideña del 2017.

Si bien el 2018 no es el 1984 de George Orwell, mucho se le empieza a parecer. Y a los mexicanos, a los informados y a lo que no lo son, a los que no sólo padecemos estos monstruos sino que somos capaces de verlos conscientemente, ¿qué fregados podemos pensar, sentir, hacer?

La hidra tiene múltiples cabezas y nos sentimos impotentes para enfrentarlas en conjunto. Si bien de múltiples formas hemos luchado contra algunas de ellas, al cortarlas han surgido más y con mayor fuerza y horror. El monstruo neoliberal y regresivo amenaza con el exterminio de la dignidad de la vida, con el empobrecimiento y la desigualdad extremos, con la violación sistemática y enfermiza de derechos. Y faltan todavía nuevas cabezas de la hidra por aparecer en este año que se inicia: la negociación del TLCAN; las elecciones con las ofertas partidarias desdibujadas y sus nuevos fraudes legalizados, institucionalizados; los riesgos de una economía decadente para las grandes mayorías y colgada con alfileres…

Frente a este panorama desolador, el pensamiento crítico, los afectos fraternales y la acción colectiva de los movimientos sociales y sus organizaciones tienen la palabra (una palabra convocante), entonan una canción (tierna y apasionada) y cuentan con la calle manifiesta.

No podemos darnos por vencidos. No podemos, no debemos ni queremos darnos por muertos.  Si el panorama luce atroz y descorazonador, mantener la esperanza contra toda esperanza es un imperativo de vida. Los movimientos sociales, en sus diversas resistencias y alternativas impulsadas desde abajo, como pequeños brotes en el desierto capitalista neoliberal mexicano y global, significan, dignifican y  construyen con sus acciones esas esperanzas de vida para todas y todos. No basta con oponerse a la barbarie, lo cual de por sí resulta fundamental, sino caminar –a pesar de todo en medio de este desierto– cultivando fraternidades y cercanías, solidaridades amorosas y tiernas, luchas esperanzadoras y vitales. A la manera de un escritor mexicano, luchar vale la pena a pesar de la conciencia de la previsible derrota y el fracaso. Si se logran algunos triunfos, mayor razón para empeñar nuestras neuronas, nuestro corazón y nuestras manos en la faena.

 

Por: Guillermo Díaz

 

Blade Runner 2049 y la búsqueda por una nueva identidad masculina

Ilustración por: Julieta Alvarado

Lo diré de entrada: no me interesa lo que Blade Runner 2049 (o su precursora) tiene que decir sobre Inteligencia Artificial o sobre androides. Sí estoy interesado, no obstante, en lo que tiene que decir sobre nosotros, los que vivimos en el 2017 y, para bien o para mal, si bien nunca hemos conocido a un androide,  sí hemos conocido a individuos que, por la estructura de nuestra sociedad, su humanidad no es reconocida totalmente o es puesta en duda. Es en este aspecto, más como alegoría del presente que como especulación del futuro, que me parece reside la fuerza del universo de Blade Runner.

Ahora bien, la tan esperada secuela despertó cierta controversia en internet por su forma de representar a las mujeres. No fueron pocas las voces que acusaron a la película de presentar a las mujeres como objetos sexuales. Aunado a esto, es indudable que Blade Runner 2049 gravita en torno a personajes masculinos, sobre todo en torno a K (Ryan Gosling), el «replicant», esta vez elevando a «blade runner» que seguimos a lo largo de la película y a Niander Wallace (Jared Leto), el dueño de la corporación que fabrica a los replicants. La conclusión parecería estar clara: se trata de un filme sexista. Sin embargo, considero que estas críticas, aunque bienintencionadas, han leído a la película superficialmente, pues la obra de Denis Denis Villeneuve es un meticuloso estudio sobre el fracaso de la masculinidad tradicional para relacionarse con las mujeres, de ahí que éstas sean instrumentalizadas a lo largo del filme.

Al respecto, hay numerosos ejemplos: Luv (Sylvia Hoeks), la replicant que hace el trabajo sucio para Wallace y que no es más que una eficiente máquina asesina; la teniente Joshi (Robin Wright), que, pese a ser una mujer empoderada, parece estar confinada a su rol como jefe de policía; o la replicant que es un clon joven de Rachel (recreación por computadora de Sean Young), que aparece al final de la película y cuya única función es tratar de seducir a un Deckard (Harrison Ford) anciano. Pero tal vez el personaje más interesante para nuestro tema sea, por su relación con K, Joi (Ana de Armas).

Joi es un programa computacional, creado por las industrias Wallace, con una interfaz holográfica en forma de una mujer joven y cuya única función es complacer a su dueño/usuario. Muy temprano en la película aprendemos que K cuenta con una unidad de Joi en su casa y tiene una relación sentimental con ella. También descubrimos que Joi, para ser proyectada, necesita de un aparato instalado en el techo del comedor de la casa, por lo que su rango de movimiento está limitado a esa habitación. En esa misma escena vemos que K le ha comprado un nuevo accesorio a Joi, un dispositivo de bolsillo que le permitirá proyectarse dónde sea que éste se encuentre. Al principio, esto parece ser un gran don, pues Joi tendría la libertad de, por fin, salir de casa y conocer el mundo exterior, pero en realidad representa una mayor cosificación: ahora K literalmente puede traer en su bolsillo a su novia virtual y disponer de su cariño sin necesidad de llegar a su casa. La dicotomía entre libertad y el propósito para el que fue diseñada se expresa poderosamente —en gran parte gracias a la actuación de de Armas— al final de esa escena, en la que Joi es capaz de salir a la terraza por primera vez. Maravillada por este nuevo mundo que se le presenta, camina hacia K y lo abraza agradecida, la intimidad crece, parecería que K le empieza a besar el cuello, cuando, de pronto, Joi se queda inmóvil y nos tardamos unos momentos en descubrir que no es que Joi permanezca inmóvil, sino que la computadora de la casa ha congelado la proyección porque K está recibiendo una llamada telefónica de su jefa, la teniente Joshi. El amor se subordina a las funciones que cada uno tiene que cumplir, pues K, al ser un replicant, está diseñado primariamente para cumplir su trabajo, no para tener vida personal.

Si bien Joi parece ser la esclava perfecta, una mujer sumamente atractiva, obligada a estar enamorada y a querer complacer a su dueño, hay un aspecto que no puede satisfacer. Al ser un holograma y carecer de cuerpo, Joi no puede tener sexo con K. Es por ello que, eventualmente, Joi contrata a Mariette (Mackenzie Davis), una «modelo de placer» —un replicant diseñado como objeto sexual— para que le sirva de avatar en el mundo real y pueda tener sexo con K. En una de las escenas más memorables de la película, vemos cómo el holograma se yuxtapone —se «sincroniza», como dice la misma Joi— al cuerpo de Mariette, para crear la ilusión de que Joi es un ente corpóreo. La yuxtaposición, no obstante, no ocurre sin desfases, y por ello llegamos a ver cuatro manos, en lugar de dos, acariciando la nuca de K.

Es cierto, la película no aclara del todo si el amor que Joi sentía por K era sólo resultado de su programación o si fue capaz de desarrollar un amor libre y sincero. Sin embargo, la última escena que K comparte con Joi parece insinuar el primer escenario. Como preámbulo al culmen de la película, un malherido K es asignado con la misión de matar a Deckard para que Wallace no pueda interrogarlo. K no parece muy convencido de emprender su nueva misión; su unidad Joi acaba de ser destruida —es decir, ha muerto—, y por lo tanto K ha perdido la motivación para seguir luchando. Es entonces cuando K se encuentra con un holograma fosforescente de una Joi gigante y desnuda, que funge como anuncio del producto. El holograma se acerca a K y le dice una frase que su misma unidad Joi también le había pronunciado al principio de la película. K, entonces, tiene una especie de epifanía, en el que se da cuenta que su relación con Joi bien pudo no haber sido tan sincera como él imaginaba, y que vale la pena pelear por los individuos de carne y hueso. Lo anterior es insinuado sutilmente con el hecho de que, al finalizar el encuentro con la Joi gigante, K se quita del rostro unas vendas que cubrían sus heridas, acaso para simbolizar que ya no necesita de Joi para enfrentarse al mundo. El arco de su personaje se ha completado.

Para mí, la forma como se debe interpretar a Joi es clara. Ella es, literal y simbólicamente, una proyección. Joi representa a la mujer ideal manufacturada por el mercado que muchos hombres hemos comprado inconscientemente: joven, esbelta, pequeña, ingenua, indefensa, complaciente, fiel, etc. Al igual que K, preferimos pasar más tiempo con esa proyección que con una mujer real. Es más, la proyección es tan fuerte que compite y termina imponiéndose ante una mujer —o en este caso replicant— de carne y hueso. K no logra conectarse emocionalmente con Mariette, sino que ésta es sólo un medio para encarnar su fantasía con Joi. Acaso en última instancia Joi sea una alegoría de la industria del entretenimiento y, en específico, de la industria pornográfica, que presenta una plétora de mujeres siempre objetivadas, siempre condescendientes, siempre disponibles, pero ultimadamente etéreas. Al igual que K, podemos tener representada al tipo de mujer que queramos en una pantalla, pero, precisamente por ello, no tener enfrente a mujer alguna; y al igual que la sincronización entre Joi y Mariette, ¿cuántas veces no hemos yuxtapuesto a la mujer ideal sobre la real?

Blade Runner 2049 podrá ser una historia sobre hombres, pero también es una de las pocas películas de Hollywood verdaderamente feministas que recuerdo en los últimos años. No por nada el último acto de la película se inaugura con el viaje de K a Las Vegas, en el que se encuentra —como símbolo del colapso de esta visión objetivista— con las ruinas de estatuas de mujeres objetualizadas. El arco del personaje de K se puede leer —entre otras formas— como el paso de una relación con las mujeres basado en proyecciones, a una búsqueda por establecer una relación más libre. K muere antes de poder adentrarse en esa nueva relación; es tarea de Deckard, al animarse a conocer a su hija, la doctora Ana Stelline (Carla Juri), empezar a construirla. Y es que Stelline representa, como la única replicant concebida y nacida —en lugar de producida—, a la mujer que es capaz de restituir ante la sociedad su condición de persona.

¿Cómo es esta nueva identidad masculina que puede relacionarse con las mujeres como sus iguales? De la misma forma que el final abrupto de la película, estamos todavía por descubrirlo.

Por Javier Romo

El futuro es hoy. ¿Oíste, viejo?

Ilustración por: Juan Santillán

Por Francisco Aguilar Rosas

La inteligencia artificial no es el futuro: es el presente. El futuro es la relación social que forzosa e inminentemente tendremos que entablar con ella, ya sea incorporándola, sometiéndola o desplazándonos por sus consecuencias. Estamos ante una revolución tecnológica sin precedentes en la historia de la humanidad, sólo medianamente comparable con la revolución industrial del siglo XVIII.

En su video-ensayo Humans Need Not Apply1, CGP Grey describe la inteligencia artificial con una analogía espléndida: así como la ingeniería se ha dedicado al desarrollo de músculos mecánicos —con el propósito de facilitar y eficientar el trabajo que músculos humanos han hecho lenta y pobremente desde tiempos inmemorables—, el desarrollo de cerebros mecánicos harán lo propio con el trabajo que nuestros cerebros hacen hasta ahora.

Así como 300 años atrás la revolución industrial transformó la economía, la política y la cultura de las sociedades al permitir mayor producción con menos trabajo y  tiempo —a la vez que afianzaba las dinámicas del capitalismo, el Estado nacional y el imperialismo europeo—, las últimas tres décadas están sentando los precedentes del porvenir. Es argumento de los materialistas históricos que las condiciones materiales configuran las relaciones sociales que entablamos; la tecnología transforma radicalmente esas condiciones porque cambia las reglas del juego.

Grey explica, sin embargo, que la revolución tecnológica contemporánea es fundamentalmente distinta de aquella anterior, tanto en proporciones como en la profundidad de su impacto. Entonces, los músculos mecánicos hicieron obsoletos los trabajos manuales en áreas como la construcción, la artesanía y la agricultura, primero reduciéndolos en dimensión y utilidad para luego reducirlos en sentido. Las sociedades se adaptaron en su mayoría a otro tipo de trabajos: urbanos, comerciales y de servicios, administrativos, creativos y operativos. Han requerido el empleo de nuestras mentes como principal herramienta laboral. Los cerebros mecánicos, en cambio, amenazan con hacernos obsoletos a los seres humanos.

Con automatización nos referimos a robots muy distintos a los que acostumbramos pensar en las fábricas. La inteligencia artificial no es un par de brazos automatizados que ensamblan un coche, arman un chip o cualquier otra conveniencia. Por el contrario, es un programa que aprende de forma automática a hacer cualquier tarea posible, de modo que es capaz de atender un restaurante, administrar las finanzas de una empresa, vender un producto o hasta escribir un ensayo como éste.

Para sustituirnos no necesita ser perfecta porque nosotros tampoco lo somos. Tan sólo necesita ser mejor y equivocarse menos. Grey argumenta que robots como Baxter o Atlas pueden parecer torpes pero ya son funcionales, incansables y más baratos que el salario anual de un humano; que ya hay autos que se manejan solos sin padecer de sueño, tentarse con distracciones y programados para seguir las reglas de tránsito. El asunto no es qué tan buenos son ahora, sino qué tan rápido mejorarán; y si algo hemos atestiguado de la tecnología tan sólo en los 17 años de este siglo es que la velocidad es abrumadora y exponencial.

Mientras seguimos debatiendo los retos económicos y sociales de la globalización, ignoramos los retos de la automatización que acabará por hacerlos redundantes en el corto y mediano plazo, así como pueden acabar por hacerlo con nosotros mismos. No se trata de qué país provee mano de obra más barata y resulta caldo de cultivo para la explotación, sino qué pasará con los trabajadores que proveen esa mano de obra en todos los países cuando ya no sean necesarios. No los obreros, como puede pensar cómodamente un burgués, también los oficinistas, administradores, artistas e incluso los mismos programadores.

Ante la disyuntiva, dos corrientes se han alzado al debate en búsqueda de alternativas para encontrar el lugar de la inteligencia artificial en nuestro mundo, o el nuestro en el mundo que construirán. Por un lado, con vocales como Mark Zuckerberg, aseguran que la tecnología históricamente ha resuelto nuestros mayores retos, mejorado nuestra calidad de vida y nos ha dotado de tiempo para desarrollarnos y disfrutar de nuestras vidas. Por otro, perspectivas como la de Elon Musk urgen a definir e implementar los límites de la inteligencia artificial ahora que todavía no se ha desarrollado más allá de nuestro control.

O les damos la libertad de crecer hasta resolvernos las vidas, o las esclavizamos antes de que nos extingan. El debate se ha desarrollado entorno a un escenario apocalíptico, donde una parte de la clase burguesa del siglo XXI augura un paraíso automatizado —siempre que seas dueño de los robots «híperproductivos» en tanto medios de producción—, y otra teme el día en que esos robots acaben por sustituirles como clase dominante de un futuro con otra economía que parta de ellos, en una sociedad centrada en ellos e incluso organizada políticamente en nuevas instituciones a su modo. Después de todo, la misma burguesía del siglo XVIII emergió y creó el orden en que vivimos tras la revolución industrial del mismo modo.

¿Pueden hacer aquello segundo las inteligencias artificiales? Esa pregunta esconde otras más complejas debajo. ¿Están vivas? ¿Tienen o pueden desarrollar voluntades? ¿Son realmente inteligentes o sólo simulan inteligencia en sus acciones? ¿Es la simulación de inteligencia fundamentalmente distinta de la inteligencia natural, o, acaso, eso es precisamente lo que hacemos los humanos entre nosotros2? No tenemos aún consensos en las respuestas, y es probable que la realidad de los robots inteligentes llegue antes que ellas.

Sin embargo, ante la tesis de Zuckerberg y la antítesis de Musk, la síntesis: las inteligencias artificiales pueden sostenernos a todos si se socializan los productos de su trabajo, y pueden representar la abolición del trabajo en lugar de la obsolescencia del ser humano. Una propuesta de creciente popularidad —ciertamente no la única, y aún perfectible por demás— es la renta básica universal. Parte de un principio sencillo: si se tasa con impuestos la creación y el trabajo de los robots, esa bolsa de dinero puede destinarse a entregar a todas las personas una cantidad de dinero por el simple hecho de existir; para gozar de vivir en una sociedad plenamente automatizada. Forma parte de una búsqueda urgente: el poner en manos de las personas los frutos de la tecnología como los humanos que son, en lugar de hacerles competir contra ella como herramientas para los fines de unos cuantos.

Las inteligencias artificiales pueden mantener nuestro sistema productivo de extracción y explotación ad infinitum; incluso sin humanos para recibir los frutos de su trabajo. Pueden llegar a sostener el caparazón de nuestra sociedad, aunque muera el animal que vivía dentro. Nuestra tarea es abocar los esfuerzos a la construcción de un modelo social que evite nuestra extinción y haga de estas inteligencias una bisagra hacia la superación de este modelo de muerte con miras al desarrollo auténtico de nuestra humanidad. Urge: era para ayer.


(1)  Disponible en Youtube: youtu.be/7Pq-S557XQU

(2)  Masamune Shirow es uno de los tantos exploradores de estas preguntas. Su obra, Ghost in the Shell, es prueba de ello.

Los Revueltas, ¿una familia atípica de México?

Ilustración por: Betsy Amparán

Por J. Ignacio Mancilla

Quiero retomar un libro de hace algunos años como pre-texto para reflexionar y problematizar la constitución y la identidad de una familia no sé si atípica y también atópica, y que, como tal, logra formar, en su seno, no obstante no pertenecer a una clase culta, cuatro de los más grandes artistas de México; estoy hablando de los Revueltas, tanto de la familia como del texto que habla de dicho clan y que lleva por título, precisamente, Los Revueltas y que nos narra sobre esa singular familia a la que perteneció José Revueltas, uno de nuestros más grandes escritores, militantes y teóricos de la izquierda mexicana.

Me valdré de ese ejemplar (hasta cierto punto) y de otros, así como de los escritos del propio José Revueltas, para pensar el asunto de la identidad nacional del mexicano, no desde una perspectiva psicológica sino, más bien, histórica y cultural, que nos lleve a comprender, un poco, cómo es que fue posible un grupo como los Revueltas y, al mismo tiempo, cómo es que, en el caso particular de José, éste rompe con los cánones de la escolarización y con los límites del “nacionalismo revolucionario” (como sinónimo de lo nacional) para insertarse en una lógica otra, sin por ello desconocer al México profundo (Guillermo Bonfil Batalla): la del internacionalismo revolucionario comunista-marxista; aunque desde una perspectiva herética, cabalmente, cuestión que se constata en su obra literaria y también teórica y política, y que hizo de él un extraño militante del marxismo.

Seguiré para ello, como ya dije, en parte solamente, esa especie de biografía familiar, escrita a manera de testimonio, por Rosaura Revueltas, la cual fue publicada por la Editorial Grijalbo, allá por el año de 1979; con el que la afamada pero discriminada actriz, poco conocida, lamentablemente, nos ofrece su visión de esa estirpe a la que ella, junto con Silvestre (el más que reconocido músico), Fermín (el muy significativo pintor, pero desconocido) y José (tan reconocido como icono por la izquierda, pero cuya obra casi no es leída y fue hasta repudiada; ello por más de algún dizque militante de izquierda).

¿La marginación fue el sino de los Revueltas? Es algo que todavía merece una explicación exhaustiva y creíble, a estas alturas; más allá de la mera psicología y sociología, para rehacerla desde la historia y la cultura en el sentido más materialista.

¿Cómo empieza su historia Rosaura Revueltas?

Evocando el comportamiento de Silvestre ante la muerte de su madre, doña Romana, quien deseó de manera profunda, al parecer, que sus hijos fueran artistas; mujer sensible que llegó a escribir algunos poemas.

¿Cómo es que ese sueño se cumplió?, ello aparte de que la vida de los Revueltas no deja de tener rasgos trágicos. ¿De dónde les viene? ¿De los propios “complejos familiares” (Jacques Lacan)?, insertos, finalmente, en la historia de nuestro país sumido en un proceso de grandes cambios, la revolución, la primera insurrección social del siglo XX.  

Rosaura intentó, en cierta medida, alejar a José de cierta militancia; seguramente por todo lo que su mamá y ella como hermana sufrían por la causa de su hermano. No se nos olvide que fue preso siendo casi un niño y que, en esa condición, padeció “los muros de agua” en tanto fue remitido a las Islas Marías; experiencia que le motivó a escribir su primera novela: Los muros de agua. Tampoco podemos olvidar que la experiencia carcelaria fue algo que Pepe Revueltas padeció prácticamente toda su vida, al grado que su literatura ha sido considerada como la de una “ontología carcelaria” (Rodrigo García de la Sienra); cuestión que está más que jugada en su última novela, El apando, llevada al cine de manera magistral por Felipe Cazals y que forma parte del cine mexicano, para orgullo nuestro.

Bien, Rosaura estructura su narración, cuyo inicio contempla a los padres y los abuelos a partir de Silvestre; para continuar con Fermín, José, Consuelo y ella misma al final de su testimonio.    

Pero cabe aclarar que no fueron todos los Revueltas; la parentela que formaron don José y doña Romana fue, como los linajes de ese tiempo, bastante numerosa. Fueron 12 hijos en total.

Seis de ellos fueron destacados y cuatro fueron notables; lamentablemente no se les ha dado su debido lugar en la historia de la cultura y del arte de México, no obstante que los restos de Silvestre (1899-1940), el mayor, reposan en la Rotonda de los hombres ilustres desde el 23 de marzo de 1976 y es uno de los músicos más importantes de nuestro país. Siguen, de mayor a menor: Fermín (1901-1935), pintor y de muerte prematura; Consuelo (1909-1990), que también pintó; Rosaura (1910-1996), bailarina y actriz, cuya película La sal de la tierra (The Salt of the Earth, Herbert J. Biberman, 1954) es sumamente actual y José (1914-1976), el destacado militante, escritor y teórico; y, por último, Agustín (1920-1996), también artista y empresario.

Por razones de espacio, aquí nos vamos a ocupar sobre todo de José Revueltas y un poco de Silvestre, quizás los más radicales y subversivos de los hermanos. El primero lo fue tanto que el Estado prácticamente se olvidó de él en el año de 2014, en el centenario de su nacimiento; mientras que quemó todos los inciensos para conmemorar el centenario de Octavio Paz, quien también nació, como José, el año de 1914. Y claro que los merecimientos de Octavio Paz están fuera de discusión, pero…

Las razones ideológicas y políticas son más que obvias.

Pero el Estado, bastante totalitario en su idiosincrasia nacionalista y priísta, que ha permeado a todos los partidos políticos, desde la derecha panista hasta la izquierda perredista; ¿es casual el frente que están llamando a conformar el Partido de Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), abjurando, ambos, de su historia y principios?

Todo en aras del pragmatismo político y, según nuestra lectura, para prestarse al juego electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI), bastante desprestigiado por el desastre nacional de Enrique Peña Nieto; razón por la que el PRI no ve lejos la posibilidad de perder las elecciones presidenciales del 2018.

En este contexto convendría, más que nunca, rescatar precisamente la obra teórica y política de José Revueltas, quien siempre luchó no solamente contra la hegemonía de la burguesía nacional, sino también contra la ortodoxia y el dogmatismo de la propia izquierda mexicana; desgarrándose subjetivamente en ese intento en el que bregó solitariamente.

He aquí las razones profundas de su olvido paradójico, pues es sumamente reconocido, aunque no conocido.

En un ensayo que escribí hace tiempo y que fue publicado por el Colegio de Jalisco en una Revista ya desaparecida que dirigía la historiadora Carmen Castañeda, ya fallecida –se llamaba Encuentro–, hice un sintético balance crítico precisamente de la izquierda mexicana, pero que apuntaba también al dogmatismo de la izquierda mundial; esto antes de la caída del Muro de Berlín (1989).

Su título lo dice todo: José Revueltas y la izquierda mexicana en tres tiempos.

Remito a las y los lectores de Autarquía, a quienes agradezco su invitación a escribir para este número, a dicho ensayo para que ponderen el análisis crítico que hice, desde la perspectiva de la política y de la militancia, sin descuidar por supuesto la dimensión teórica de la obra de José Revueltas, de la que todavía tenemos mucho que aprender.

En lo que a este espacio respecta, no me cansaré de ponderar la actualidad de este sin igual escritor, militante y teórico que, insisto, no ha sido valorado de acuerdo a todo lo que todavía nos puede decir incluso en estos momentos aciagos de nuestro país; pues sigue siendo demasiado radical y quizás demasiado herético para los marxistas, no solamente de ayer sino también de hoy.

¿Los hay todavía?

Y es que, y he aquí lo más interesante, José Revueltas cuando pensó México nunca psicologizó ni mucho menos sustancializó la identidad del mexicano; antes bien, como buen marxista que era, ¡y vaya que lo era! (ahí está su obra, publicada por Editorial Era y que abarca más de 25 volúmenes), siempre pensó la identidad mexicana históricamente, como fenómeno dialéctico, contradictorio y porvenir.

Si somos consecuentes con esa herencia, lo que nos resta a las y los mexicanos, precisamente, como reto, es llegar a ser tales. Esto en medio de un mundo, con todas sus contradicciones, que tiende a hacerse uno.

No cabe duda, por lo menos para mí, que todavía nos queda José Revueltas para rato, pero como parte de un árbol frondoso que necesitamos ponderar y recuperar, llamado los Revueltas.

¿Y las revueltas?

¿También seguirán pendientes, como nuestra mexicanidad?

Pero, ¿cuál será su porvenir?, se preguntarán; a lo que responderé que mucho va a depender de lo que nosotras y nosotros, como mexicanos, hagamos.

Y para cerrar con la metáfora del árbol, conviene dar clausura a esta reflexión con el pensamiento de Wolfgang Goethe que tanto le gustaba a José Revueltas: “Gris es toda teoría y verde el árbol dorado de la vida”, trayendo a nuestra memoria ese viejo eucalipto de uno de los lugares donde vivió nuestro José y que ha soportado todas las adversidades, llevando a José Emilio Pacheco a decir que José era como ese árbol: “indestructible”.

Su nombre es ya inmortal.    


Bibliografía fundamental:

  1. Revueltas, Rosaura, Los Revueltas, Editorial Grijalbo, México, 1979.
  2. García de la Sienra, Rodrigo, José Revueltas. Una ontología carcelaria. Los relatos de Lecumberri, Literal Publishing, Houston, Texas, 2016.

Pacheco, José Emilio, Prólogo a Las evocaciones requeridas. Memorias, diarios, correspondencia, Tomo 1, Volumen 25 de las Obras de José Revueltas, Editorial Era, México, 1987.

Filosofía y cibernética

Ilustración por: Oliver Pendragon

Por Jorge Palafox

El rápido desarrollo de la tecnología en general y de la cibernética en particular, han provocado la contraposición entre dos postulados filosóficos: de una parte, el que sostiene que el desarrollo desmesurado de la cibernética terminará por esclavizar a los seres humanos, convirtiéndonos en autómatas; de otra parte, el que sostiene que ese mismo desarrollo desmesurado de la cibernética, terminará por liberar a los seres humanos, convirtiéndonos en individuos libres.

Origen del dilema

Desde el primer momento, la tecnología ha impuesto a la ciencia la carga de su desarrollo; y a la filosofía, la carga de explicar su significado puramente humano; digamos, el significado de la tecnología del ser humano para sí: como actividad exclusiva de la especie, para el dominio de la naturaleza.

Todo adelanto tecnológico ha suscitado controversias filosóficas, que casi siempre se presentan -o se enmascaran- como la lucha del conocimiento científico contra el dogmatismo; de la ciencia contra la religión; del conocimiento contra los prejuicios, etc.; y a veces se presenta, simplemente, como la oposición entre lo nuevo y lo viejo. En el pasado, por ejemplo, la novedosa introducción de los ferrocarriles hizo nacer la oposición de lo viejo, en forma de añoranzas: se añoraba el pasado de los pueblos con diligencias y caballos, se añoraba el azul de los cielos del campo contra los de la ciudad, se añoraba la pureza de las costumbres del campo; todo lo cual se tradujo en obras literarias: poesías, canciones, novelas, películas; en teorías económicas y también en teorías filosóficas; pero es evidente que los industriales no tenían la añoranza de quedarse en aquel pasado. Además, el desarrollo tecnológico material impuso la superación de aquellos aparentes dilemas; éste, que cité como ejemplo, ya sólo llega a escucharse o a leerse en personas que viven lejos de las ciudades y/o cuya actividad productiva preponderante radica en el campo; pero ningún teórico serio intentará revivir aquellas añoranzas, que han quedado en el pasado para siempre.

La cibernética despertó, también desde su origen, la contraposición entre quien sostiene que el desarrollo desmesurado de aquélla terminará por esclavizarnos, convirtiéndonos en autómatas; y de otra parte, quien sostiene que ese mismo desarrollo desmesurado de la cibernética, terminará por liberarnos.

La cibernética

La cibernética es una ciencia que estudia el funcionamiento de los sistemas reguladores de los organismos, con el propósito de reproducir sus funciones mediante el uso de tecnología; es, digamos, lo que coloquialmente conocemos como automatización. La cibernética produce sistemas que se conocen como sistemas de control basados en la retroalimentación; en otras palabras, produce sistemas autónomos, o robots.

Esta asociación entre la cibernética y la automatización es la que ha despertado la oposición ideológico filosófica a la que aquí hacemos referencia.

Teoría neoludita del desarrollo cibernético

En Inglaterra, a principios del siglo XIX, surgió y se propagó una serie de protestas obreras, algunas de las cuales resultaron en verdaderas rebeliones, a lo que se llamó el movimiento ludita -en honor a un obrero de nombre Ned Ludd. En éste movimiento de protesta, los obreros incendiaron y destruyeron maquinaria y fábricas completas; pues, el uso de la maquinaria en la industria produjo mucho desempleo -sobre todo durante la revolución industrial-, y por supuesto, con el desempleo se generó e incrementó la miseria; y es ésta la que los obreros buscaban destruir, pero la inmediatez de los efectos del uso de maquinaria en la industria, los hacía temerla y destruirla.

El día de hoy, por analogía, podemos permitirnos llamar neoluditas a quienes se oponen al desarrollo tecnológico en general, y al desarrollo cibernético en particular; a quienes pregonan los males que produce la automatización de la industria y, en fin, a quienes creen que el uso cada vez más extendido de la cibernética o de la robótica es nefasto para la humanidad. Aunque, ciertamente, allá por 1996, hubo en los Estados Unidos un grupo de personas que así se autoproclamaron, el neoludismo representa, más que un grupo de excéntricos, un pensamiento actual muy en boga; cuyos principios o postulados filosóficos comentaremos aquí.

Para los neoluditas, todo desarrollo tecnológico es cuestionable, contaminante y contrario a la naturaleza humana. El neoludismo se ha propagado y se ha presentado así, ya abiertamente como tal visión filosófica que identifica la tecnología como aberrante; o ya embozadamente, en la literatura o en el cine. El ejemplo más fresco que tengo en la mente es la película Wall-e, de Andrew Stanton; pero es actualmente muy común escuchar o leer que las máquinas (o los robots) nos dominarán; que nos reemplazarán de nuestras más básicas actividades, convirtiéndonos en seres perezosos e incapaces; o en autómatas, seres abyectos y sumisos.

El neoludismo es, sin embargo, muy simple. Su principal postulado es meramente lógico, y consiste en hacer pasar al ser humano como el producto de la automatización; mientras que el verdadero producto desaparece de la escena. Así, el ser humano aparece como un autómata, y el desarrollo cibernético aparece como el medio para la producción de autómatas. En relación con ello, si la producción automatizada en realidad convierte al ser humano en un autómata, se trata más bien de un problema empírico, y no lógico; y como tal, un hecho empírico, y no abstracto. Sin embargo, es objeto de estudio de la filosofía: por cuanto que la automatización universal de la industria está en proceso, la conversión del ser humano en autómata o en un ser libre, existe sólo en potencia.

Hoy día, esta cuestión filosófica no ha sido respondida. Sólo la superchería neoludita la responde -como ya hemos anotado- en sentido negativo, atribuyendo a la tecnología y a su desarrollo cibernético los males sociales de la humanidad.

Por otra parte, podemos afirmar que también existe una forma de pensamiento que coincide, aunque de manera más timorata, con el neoludismo, y consiste en dejar planteado el problema, más bien como un asunto retórico, nefasto pero inevitable; una pregunta, que sólo la mística responde, acerca del verdadero destino que la tecnología o la ciencia le deparan al hombre; tan es así, que es lugar común de la literatura de suspenso. Ahí tenemos: en la cibernética, al gran monstruo creado por el hombre que “juega a ser dios”; y con ella a los Mr. Hyde y a los Frankenstein; o, también podemos encontrar este cuestionamiento, resuelto en las “distopías” de la ciencia ficción.

Filosofía y cibernética

Como sabemos, la revolución industrial nació con la manufactura, que, para nuestro estudio, representa el inicio de la fabricación mecánica; ésta disfrutó mucho tiempo su exclusividad en el desarrollo industrial, y durnate el siglo XVIII acaparó los más prominentes adelantos de la ciencia y la tecnología. Pero no tanto tiempo como para evitar el desarrollo de la automatización o, lo que hoy llamamos, cibernética. La cibernética compartió con la mecánica los albores de revolución industrial; los primeros inventos de máquinas automáticas datan del siglo XIX, ya bien desarrollada la mecánica; sólo que, a nuestros ojos, y al tiempo, nos parece hoy que la cibernética y la mecánica surgieran simultáneamente. Máxime que la industria no se desarrolló por igual en todos los países y, por obvias razones -entre las que se encuentra el hecho indudable de que la mecánica es la base de la cibernética-, el desarrollo de la mecánica fue a todas luces mucho más extenso y mucho mayor en todos sentidos.

Hoy, la cibernética marca el grado más elevado del desarrollo tecnológico industrial; sus aplicaciones son tan vastas y variadas, que implican también el más elevado crecimiento económico en la rama industrial en que se aplica; pero sus raíces se entrelazan en la historia, con las de la mecánica.

Este hecho histórico ha llegado a confundir a muchos -entre quienes podemos citar a filósofos, estadistas, economistas, artistas, cineastas y literatos; y tal confusión existe desde el mismo momento en que surge la producción industrial automatizada.

Para facilitar la exposición, podemos sugerir la película Tiempos Modernos, de Charles Chaplin, como la crítica por antonomasia, a la producción industrial mecánica. En ella, se observa cómo el individuo se convierte en un autómata. Decenas de tratados filosóficos, económicos y políticos, decenas de obras literarias y cinematográficas se han realizado siguiendo esta crítica contra la industria mecánica desde entonces hasta nuestros días. Pero, el mayor desarrollo de la mecánica ocultó a nuestros ojos, el desarrollo de la cibernética, que se abrió paso disimuladamente en la industria. Así, nació en el pensamiento la creencia falaz, de que la producción mecánica es idéntica a la producción en general o incluso a la producción automática; y la creencia igualmente falaz, de atribuir los caracteres de una, a la otra. Por eso es hasta hoy, cuando ya las diferencias son tan acusadas, y cuando ya sería muy torpe o ignorante identificar una forma de producción con otra, que nos damos cuenta que la concepción filosófica relativa a la cibernética no marchó con ella de la mano; sino que, en lugar de una concepción filosófica sustentada en la realidad de la cibernética, hoy sólo tenemos cuestionamientos catastróficos de su postrer desarrollo, en la literatura y la ciencia ficción, y en el misticismo neoludita.

Incluso los marxistas se han confundido en este respecto; porque sostienen que Marx se opuso a la producción industrial, porque enajena al individuo y lo convierte en un “apéndice” de la máquina. Sin embargo, fue Marx uno de los primeros -en sus escritos de juventud- en hacer notar la diferencia entre la producción industrial mecánica y la automática; y fue el primero en señalar que, en efecto, bajo el capitalismo, el trabajador se convierte en “apéndice” de la máquina -valga decir- mecánica.

El día de hoy perviven las concepciones catastróficas y neoluditas respecto a la cibernética, y no ha sido, en cambio, rescatada de entre el polvo del olvido la tesis marxista que concibe el desarrollo de la automatización como un factor liberador del ser humano, del individuo (como a continuación expondré), pese al increíble desarrollo de la cibernética. Esto se debe simplemente, a que la cibernética se ha desarrollado, pero no de manera universal; y coexisten en el mundo la producción mecánica y la cibernética. Lo cual impide ver los efectos libertadores del progreso que implica, en la voluntad o en el comportamiento de los individuos; pero, más que eso, impide la realización plena de la libertad del ser humano. La impide, pero la impulsa.

Automatismo y división del trabajo

Son dos los principales aspectos que hay que destacar:

Primero: El desarrollo de la indurtia mecánica implica la automatización del trabajador, su conversión a apéndice de las máquinas (Marx y Engels, 1848, 22). El autómata existe desde que surgen las primeras máquinas en la industria; y existe hoy en todos los países, pues la industria actual se basa en la mecánica de la producción.

La industria mecánica se basa en la división del trabajo, misma que, en la sociedad moderna, “engendra las especialidades, las especies y con ellas el idiotismo del oficio”. En cambio, “lo que caracteriza la división del trabajo en el taller automático es que el trabajo pierde dentro de él todo carácter de especialidad. Pero, en cuanto cesa todo desarrollo especial, comienza a dejarse sentir el afán de universalidad, la tendencia a un desarrollo integral del individuo. El taller automático suprime las especies y el idiotismo del oficio”. (Marx, 1847, 96).

Segundo: El desarrollo universal de la cibernética (o automatización), es una condición material para el desarrollo libre y pleno del individuo. Pero el desarrollo actual de la cibernética no es universal, y no implica de manera natural ni por sí sola, la libertad del individuo. Quien trabaja en la industria altamente automatizada, no es un hombre libre por ese solo hecho; pero trabaja bajo las condiciones materiales de vida que le permitirían serlo. ¿Qué se lo impide? Una serie de condicionamientos sociales que le son ajenos como inidividuo; entre los cuales está que, esas mismas condiciones materiales de vida sean universales. Es decir que, para la liberación del hombre; para que el ser humano deje de ser un autómata, un idiota, debe existir como condición material de vida la automatización universal de los procesos industriales. Esto es, la automatización de la industria, no del hombre.

Automatismo y libertad

“John Stuart Mill observa: “Es discutible que todos los inventos mecánicos efectuados hasta el presente hayan aliviado la faena cotidiana de algún ser humano.” Debería haber dicho; de todo ser humano que trabaja. Pero la maquinaria dentro de la producción capitalista, de ninguna manera tiene como fin aliviar o reducir la fatiga cotidiana del trabajador… Hablando en términos muy generales, la finalidad de la maquinaria es reducir el valor de la mercancía… (al tiempo que) crece la avidez (del capitalista) por devorar tiempo de trabajo ajeno.” (Marx, 1861, 77). Lo mismo ocurre en la explotación mecánica que en la automática. Por eso los filósofos que se oponen a la esclavitud asalariada del capital, se confunden y creen que toda innovación tecnológica es igualmente enajenante, y esclavizante; pero no observan la diferencia cualitativa entre ambas: la mecanización implica una constante división del trabajo, la cual, al someter al trabajador a una sola actividad, lo somete a un desarrollo unilateral de sus facultades humanas, es decir, de su personalidad. (Engels, 1845, 337). En cambio, la automatización (debida actualmente a la cibernética), suprime esa división del trabajo: sienta la condición material necesaria para el desarrollo integral de la personalidad y para la libertad del individuo.

Sin embargo, es sólo condición necesaria; y una vez que el desarrollo de la cibernética sea universal, hará falta todavía la conformación de la condición suficiente para la libertad del género humano: el hecho de que busque y procure, conscientemente, su emancipación material.

El desarrollo de la tecnología en general, y de la cibernética en particular, sienta las bases materiales para la libertad de los seres humanos, como individuos. La libertad real de los individuos, sólo será posible sobre la base de un desarrollo universal de la tecnología y la cibernética. El creciente desarrollo de la cibernética muestra que el ser humano está construyendo las bases materiales para su futura emancipación.


Bibliografía

Marx, Karl, Miseria de la filosofía (1847), México, Siglo XXI editores.

Marx, Karl, y Engels, Frederich, Manifiesto Comunista (1848), México, Siglo XXI editores.

Marx, Karl, “Las máquinas: Empleo de las fuerzas naturales y de las ciencias”, en Progreso técnico y desarrollo capitalista (1861), México, Siglo XXI editores.

Engels, Frederich, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), México, Siglo XXI editores.

Soberano consumidor

Fotografía por: David Mancillas

Por Jorge Flores

Desde el fondo de la sala, sentada sobre una vieja banca, con una mano acariciando al perro de su hija y con la otra frotando su mandil, María Chichilco, la ex comandante guerrillera salvadoreña, escuchaba mi última pregunta: “¿Cuál fue su experiencia en el gobierno?” Con una sonrisa espontánea me respondió sin titubear: “Es un show. Muchos de los que están en los puestos del gobierno no entienden lo que significa estar ahí.” En realidad, no esperaba su respuesta. Y después de ofrecerme otro vaso de agua, ella continuó: “Yo estaba ahí porque creí que era un buen camino para lograr el bienestar de mi pueblo. Muchos creían que ya habíamos logrado el ideal de la Revolución por el mero hecho de estar bien vestidos, ocupando un puesto de gobierno y no era así. Fíjate, muchos querían que yo olvidara el pasado, que me terminara acomodando como muchos de mi partido, pero, ¿cómo lo iba a hacer si estaba dispuesta a dar mi vida durante la guerra?” En tales afirmaciones, María reflejó la consciencia de un serio problema: el creer que la democracia es un estado estático, el cual se halla presente en la mera existencia de instituciones que se adjudican la representatividad de las masas.

Pensar en la democracia sólo como la participación mayoritaria de la ciudadanía, en un marco institucional que permite el disenso y la oposición, resulta ser engañoso. Esta noción de la democracia como algo estático, al cual se accede por el mero hecho de votar, o mediante la pertenencia a una institución, ocasiona un estancamiento en el propio dinamismo de la historia. Pensar que México cuenta con un régimen democrático sería ignorar la crisis económica por la cual atraviesa el país, porque significaría omitir la estrecha relación entre desigualdad extrema y la captura del Estado por un grupo privilegiado que toma decisiones en favor de sí, a costa de la mayoría. Esto sólo nos conduciría a ver al Estado mexicano simplemente como un régimen autoritario que se diferencia específicamente de otros porque su adjetivo es competitivo. Sin embargo, existe otra noción de democracia: la democracia como algo que se construye, como fruto de la historia. Ahora se consideraría un dinamismo impulsado por movimientos e ideas, que busca responder a diversos conflictos. Dicha noción permite entender a la democracia como una búsqueda creativa de los individuos e instituciones con miras a procurar que todas las personas tengan una efectiva igualdad de oportunidades.

Hay una inevitable distancia entre la concepción de democracia en la antigua Grecia y nuestras actuales nociones. Entre los griegos y nosotros se encuentran innumerables sucesos que dotaron de distinta significación a la propia democracia. Se ha de considerar que el resurgimiento de la democracia está enmarcado en la tradición liberal que hizo frente al Estado tirano, en defensa de la razón y la elección. Así, “volvimos” a la democracia con una necesidad de democratizar el liberalismo que hizo frente a las monarquías. Dicho dinamismo se vuelve a repetir siglos después. A partir de la expansión del capitalismo en la segunda mitad del siglo XX, el Estado debía ser el encargado de propiciar el crecimiento de la sociedad y, a la vez, de redistribuir la riqueza. Es decir, el surgimiento del capitalismo ha exigido pensar medidas concretas de contención al propio dinamismo de egoísmo que se desarrolla en la competencia de mercado. El poder político es, pues, el encargado de regular el poder económico.

También se ha hablado de la necesidad de complementar el axioma en el que descansa el liberalismo, según el cual ningún hombre o grupo de hombres puede atacar a la persona o su propiedad, con la noción de oportunidad. Es decir, “la libertad individual no tendría que ver solamente con el tener derecho a hacer lo que pueda querer hacer, sino que tendría que ver con los medios efectivos para hacerlo.” Ahora bien, si la calidad de una democracia alude al goce de los derechos y libertades políticas, civiles y sociales,  entonces la noción de la democracia como un estado estático, alcanzado mediante las instituciones y mediaciones para la representatividad, sería una acotación y reducción de lo que en esencia debiera ser la protección a la libertad de todos los individuos vía el aseguramiento de sus oportunidades.

La crisis actual de la democracia no radica sólo en la fuerza de demagogos, en la cooptación de la opinión en medios de comunicación ni en los fraudes electorales. Se habla de tal crisis porque existe una nula regulación del mercado y a su vez se hunde la legitimidad de un gobierno que se da aires de ser representativo, sin tomar en cuenta el desarrollo de su pueblo. Después del auge de la expansión del capitalismo, la reducción de las tasas de ganancia provocó que el mercado buscara eliminar la regulación y poder así expandirse a otros ámbitos. La privatización de las empresas públicas y la liberación del mercado sólo han provocado una creciente desigualdad entre los individuos. México es un claro ejemplo de que cuando una llamada democracia pierde el poder económico, pierde el poder político. Quien resulta ser soberano es el consumidor y no el pueblo. De nada servirá ser partícipes en las arenas de contienda política si la libertad real es alcanzada por unos cuantos que tienen un alto poder adquisitivo mientras que, a otros, además de negársela, se les imposibilita el acceso.

Antes de que le preguntara a María sobre su experiencia en el gobierno, durante la comida, me narraba el tiempo en que le encargaron la organización de las comunidades durante la guerra. “La represión acabó con las comunidades, imagínate a todos huyendo a los cerros. Después de que pasaba el ejército no quedaban ni tiendas, ni escuelas para los cipotes pequeñitos. Mi trabajo era organizar a las comunidades, y para eso creábamos grupos que atendieran los problemas de la salud, la alimentación, la resolución de conflictos internos, etc. A veces, era divertido, a veces, no tanto.” El relato continuaba mientras ella se encargaba de traer más tortillas a la mesa. Justo después de regañar al perro, que rondaba gustoso la mesa, enfatizó: “lo que pasa, es que la Revolución tiene una base social. Sin ella, no es posible el cambio.”   

Durante las últimas décadas, el Estado mexicano se ha mostrado, cuando no ausente, fallido y en su ausencia ha ido en detrimento el respeto a los derechos y a las libertades. Sin embargo, frente a la ineficacia del gobierno, cientos de iniciativas brotan de los propios ciudadanos. Si el Estado no garantiza el respeto de los derechos ni la generación de oportunidades para todos, ¿por qué los ciudadanos no habrían de hacerlo? Una noción de la democracia como un movimiento histórico hacia la igualdad y libertad real podría hacer un cambio significativo. Como reza el refrán, hay veces que un ocotito provoca una quemazón.


Bibliografía

Federico Saettone. “Democracias y democratizaciones” de Leonardo Morlino Centro de Política Comparada, Ciudad de México, 2005, 321 pp. en Revista SAAP. Publicación de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político: Buenos Aires, vol. 2, núm. 3, agosto, 2006, p. 672.

Javier Tello Díaz. “Modelos de democracia” en Política y gobierno. Centro de Investigación y Docencia Económicas: Ciudad de México, vol. III, núm. 1, primer semestre de 1996, p. 131-132.

Mauricio Andrés Ramírez Gómez. “Democracia, Mercado y Socialismo” en Polis, Revista de la Universidad Bolivariana. Universidad de Los Lagos: Santiago, Chile, vol. 4, núm. 12, 2005.

Análisis sobre la serie Black Mirror

Fotografía por: Antonio Champs

Por Ana Laura De Santiago

Black Mirror es una serie de televisión británica de ciencia ficción creada por Charlie Brooker, escritor británico especializado en series satíricas, quien concibiera esta serie en el año 2011. Su foco principal es la sátira hacia la sociedad moderna, particularmente con respecto a las consecuencias de las nuevas tecnologías.

Comienzas un episodio, y, oh, sorpresa: no hay tema musical, ni narrador para acompañarte en sus distopías. Cada episodio se imagina una realidad alternativa diferente, pero comparten una estética minimalista de alto diseño -lo que serían las pesadillas si fueran dirigidas por el arte de Jonathan Ive de Apple-. En cuanto al contenido y la estructura del programa, los episodios son fijados generalmente en un presente alternativo o en un futuro próximo, siempre involucrando la tecnología, la inteligencia artificial y la influencia -a veces aterradora- que tiene en nuestras vidas.

Con “dramas autónomos” en cada episodio, de suspenso y sátira que exploran la techno-paranoia, Black Mirror es una reelaboración contemporánea de “La Dimensión Desconocida” (conocida también como “The Twilight Zone”), con historias que aprovechan la inquietud colectiva sobre el mundo moderno y que nos llevan a cuestionarnos si estaremos ya viviendo en un episodio de esta controvertida serie; no nos presenta ante civilizaciones interestelares o escenarios postapocalípticos. En cambio, representa las variaciones en un futuro cercano transformado por la tecnología de la información: nuestro mundo, sólo un poco peor.

La ciencia ficción del siglo XX fue un producto de la ciencia del siglo XX, un período de avances físicos e invenciones cuando los humanos dividieron el átomo y viajaron a la luna. “Black Mirror” es un producto del siglo XXI y sus avances digitales y virtuales. Habla de una cultura de personas que viven vidas virtuales en las plataformas sociales, en las que los magnates del Valle del Silicio sienten seriamente la idea de que nuestro mundo es en realidad una simulación similar a la “Matrix”.

Así, Black Mirror tiene la capacidad de introducirnos en un mundo que, si bien nos parece surreal, está más cerca de lo que pensamos -y eso es lo escalofriante y cautivante al mismo tiempo sobre esta serie-. No aborda el invierno nuclear y sí la inteligencia artificial; no las complicaciones del viaje en el tiempo, y sí las implicaciones de ser capaz de descargar la conciencia humana sobre los dispositivos. Su visión de la tecnología no es fría y robótica, sino profundamente emotiva, porque -como con nuestros teléfonos inteligentes- hemos hecho de las máquinas extensiones de nuestros cuerpos y almas, de ahí el nombre de la serie.

Su título se refiere a las pantallas de cristal de computadoras, tabletas y teléfonos celulares, y sin embargo, las máquinas no son el peligro aquí: es la monstruosidad anónima y antiséptica que pueden potenciar. El brillo de Black Mirror es que no se trata de cómo la tecnología pone en peligro nuestra humanidad. Se trata de las caras demasiado humanas reflejadas en nuestros propios espejos negros, los que nos miran fijamente, como Charlie Brooker mismo lo define: “Si la tecnología es una droga – y se siente como una droga – entonces, ¿cuáles son precisamente los efectos secundarios? Esta área – entre placer e incomodidad – es donde se establece el ‘black mirror’, el espejo negro del título es el que encontrarás en cada pared, en cada escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente”.

1 gramo de Vitriol o el vuelo de la bicicleta

“Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Ante todo, no debe temer volver una y otra vez a la misma circunstancia, esparcirla como se esparce la tierra, revolverla como se revuelve la tierra”.

Walter Benjamin

(Sobre el desenterrar y excavar, Cuadros de un pensamiento)

Fotografía por: David Mancillas

“La diferencia entre volar en avión, caminar y andar en bicicleta es la misma que hay entre mirar a través del telescopio, el microscopio y la cámara de cine. El que va suspendido a medio metro del piso puede ver las cosas como a través de la cámara cinematográfica: tiene la posibilidad de demorarse en los detalles”.

Valeria Luiselli

Por Mareike Görnemann

(Papeles Falsos)

¿Dónde se guardan los recuerdos, las fechas, los nombres, las personas, los recorridos en bicicleta? Un buen amigo me dijo una vez que recordar es volver al corazón. Veo mis recuerdos como veo las imágenes en el cine: algunos desenfocados porque han desaparecido, otros con gran detalle. Recuerdo que cuando algo me daba miedo mi cuerpo se bloqueaba y cerraba los ojos. Recuerdo cuando mi padre me enseñó todo sobre el vuelo de la bicicleta. Cómo montarla, cómo andar con cuidado, siempre con los ojos abiertos, decía. Deja que tus manos se amolden al manubrio, encuentra el centro y mantén el equilibrio y, hagas lo que hagas, no cierres los ojos, fue lo que me dijo antes del primer recorrido. Yo, con miedo a caerme, a lastimarme, me aventé con la mirada siempre al frente. Por un instante, recuerdo, aprendí a mirar.  

Ahora vuelo en mi bicicleta a otro camino. Es un recorrido diferente. Ya hasta me atrevo a cerrar los ojos a ratos, cuando quiero recordar. El vuelo de la bicicleta me hace conocerme mejor a mí misma. El tiempo y el espacio se viven de otra manera. El tiempo pareciera que se suspende, flotando en el aire. Es un momento donde dos cuerpos se involucran y bailan: el espacio y yo. Pasa como cuando uno va mirando a través de la ventana en carretera: donde el espacio se mueve, acompaña a uno. Miro la ciudad con una mirada cinematográfica. Miro abajo, y el piso se mueve rápido. Miro los edificios que bailan por momentos, pero se quedan en sus lugares. Y miro al espacio más lejano, un plano general, una montaña que apenas se mueve. Tres diferentes planos en el mismo espacio a la misma velocidad que se mueven distinto. Si miro la lejanía, pareciera como si permaneciera inmóvil; en cambio, si miro el pavimento, me dice que voy flotando. Me detengo en los detalles del ambiente, pero también en los detalles de mi vida. Andar en bicicleta pone en marcha mis recuerdos. El flâneur o las distintas formas de transitar por la ciudad se han convertido en un acto de reflexión e inspiración para la escritura y para el arte. Pero el andar en bicicleta se vuelve una forma para recordar, para encontrarse con uno mismo. En una clase un gran maestro nos preguntó: del 1 al 10, ¿qué tanto se conocen? El número salió bajo: 4. Entonces, dijo, necesitamos una dosis de Vitriol. ¿La medicina? No, el Vitriol es un anagrama que significa Viaje al interior de la tierra y encontrará la piedra oculta. Excavar la tierra, recordar, andar en bicicleta me llevan hasta al centro de la tierra, mi centro, hasta encontrar esa piedra tan oculta, a tocar mi corazón. Un gran cineasta dijo una vez que se llega al corazón a través del oído y no de la vista. Pero yo creo que recordando es cuando realmente se vuelve al corazón.

La consciencia creadora y la crítica al uni-verso del mundo actual en Jean Gebser y Edgar Morin

Foto por: Inés Gutierrez

Por Christian Omar Bailón Fernández

A lo largo de este artículo se exploran las perspectivas de Jean Gebser y Edgar Morin sobre la constitución y el desarrollo antropológico del ser humano. Estas perspectivas, constantemente se advertirán complementarias en razón de promover una cosmovisión del ser humano mediante el cual, en su historia de consolidación hasta el tiempo actual, ha sufrido una serie de transformaciones diversas en su pensamiento, existencia y praxis a través de su consciencia creadora. Esta se hace manifiesta en los despliegues artísticos del hombre a lo largo de sus dimensiones arcaicas, mágicas y míticas hasta la consolidación del universo simbólico actual y hacia la posibilidad de ir aún más allá de lo actualmente logrado. Por ello, tales perspectivas se contrastan críticamente con el proyecto de la modernidad de unidimensionalidad, uni-versalidad, con la razón instrumental como proyecto de pensamiento único por medio de la instauración de cierta constitución ideológica del sujeto en detrimento de sus capacidades críticas y creativas, de la reiteratividad contra la capacidad de disruptividad.

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Aquí siempre hay que comer

 

Por Guillermo Preciado

El hombre que contempla es “absorbido”
por lo que él contempla…
–Alexandre Kojève

El alcohol no se acaba. El sol ya está por salir. Botellas de whisky, tequila y champagne chocan entre sí, musicalizando el paso de los últimos sobrevivientes de la fiesta que van abriéndose camino entre la mar de cuerpos alcohólicos, drogados y aletargados, algunos desnudos, otros muertos en vida, que están sucumbiendo a los placeres nocturnos posibilitados por las billeteras paternas. Es la época de sus vidas –¿y cuál no lo es?–, donde los más variados y extravagantes excesos vienen hermanados con justificaciones de tipo porque puedo pagarlo y cuyas consecuencias legales son siempre anestesiadas por una llamada del celular del Padre.

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